—No podemos quedarnos aquí, mon maître, sin que nos coma la miseria; mejor estaremos entre esos cerros. No hay ni lumbre ni luz en estas chozas y la lluvia cala los techos.
El guía, sin embargo, se negó a continuar.
—Con luz del día me costaría trabajo encontrar el camino—gritó malhumorado—; peor será de noche, con tormenta y bretima.
Adquirimos un poco de vino y de pan de maíz en una de las chozas, y mientras comíamos, Antonio dijo:
—Mon maître, lo mejor que en esta situación podemos hacer es ajustar a cualquiera de este pueblo para que nos lleve por esas montañas a Viveiro. Aquí no hay camas, y si nos echamos en la paja, con los vestidos mojados, atraparemos una terciana gallega. El guía que traemos no sirve para nada; vamos a buscar uno que le sustituya.
Sin aguardar respuesta, arrojó la corteza de broa que estaba comiendo y desapareció. Se encaminó, como más adelante supe, a la choza del alcalde, y le pidió, en nombre de la reina, un guía para el embajador griego, que se había extraviado camino de Asturias. Volvió a los diez minutos en compañía de la autoridad local, quien, con gran sorpresa de mi parte, me hizo una profunda reverencia y permaneció con la cabeza descubierta bajo la lluvia.
—Su excelencia—exclamó Antonio—necesita un guía para ir a Viveiro. Las personas de nuestra clase no están obligadas a pagar los servicios que necesiten; sin embargo, su excelencia es de entrañas compasivas y dará gustoso tres pesetas a cualquier persona competente que le acompañe a Viveiro, y todo el pan y el vino que quiera comer y beber al llegar.
—Su excelencia será servido—respondió el alcalde—. Sin embargo, como el camino es largo y difícil y en la montaña hay mucha bretima, me parece que, además del pan y del vino, su excelencia no debe ofrecer menos de cuatro pesetas al guía que le lleve a Viveiro, y no conozco ninguno mejor que mi yerno, Juanito.
—Concedido, señor alcalde—repliqué yo—. Traiga usted el guía, y la peseta de aumento saldrá también a relucir en sazón oportuna.
No tardó en aparecer Juanito con un farol en la mano. Partimos al instante. Los dos guías empezaron a hablar en gallego.