—¡Dios mío, Godfrey!—dijo con tono compasivo, porque inmediatamente pensó que su marido debía sentir el deshonor más vivamente aún que ella.

—El dinero estaba en la Cantera—prosiguió Godfrey—, todo el dinero del tejedor. Todo ha sido recogido y en este momento llevan el esqueleto al Arco Iris. Pero yo me vine a contároslo todo; no he podido contenerme, era preciso que lo supierais.

Permaneció silencioso, mirando al suelo durante largos minutos. Nancy hubiera pronunciado algunas palabras para mitigar aquella vergüenza de familia, si no hubiera sido contenida por el sentimiento instintivo de que Godfrey tenía todavía algo que decirle. Muy luego alzó los ojos y miró fijamente a Nancy, diciendo:

—Todo se descubre, Nancy, tarde o temprano. Cuando el Todopoderoso lo quiere, nuestros secretos son revelados. Yo he vivido con un secreto en el corazón; pero no quiero seguíroslo ocultando. No quisiera que os fuese revelado por otra persona que yo, no quisiera que lo descubrieseis después de mi muerte. Voy a decíroslo ahora mismo. Nunca tuve para ello bastante fuerza de voluntad; pero ahora sabré cumplir mi resolución.

El extremado terror de Nancy había vuelto. Sus ojos, llenos de espanto, se encontraron como en una crisis en que el efecto se hubiera suspendido.

—Nancy—dijo Godfrey lentamente—, cuando nos casamos, yo os oculté algo... algo que debí deciros. Aquella mujer que Marner encontró muerta entre la nieve... la madre de Eppie... aquella mísera mujer... aquella mujer era mi esposa. Eppie es mi hija.

Se detuvo temiendo el efecto de su confesión. Sin embargo, Nancy permaneció completamente tranquila en su asiento, salvo que sus miradas se dirigieron hacia el suelo, dejando de encontrarse con las de Godfrey. Estaba pálida y serena como una estatua de la meditación, con las manos unidas sobre las rodillas.

—Nunca volveréis a tener por mí la misma estima—dijo Godfrey un momento después, con voz algo trémula.

Nancy permaneció silenciosa.

—No debí dejar a la niña sin reconocerla; no debí ocultaros este secreto. Me era imposible soportar la idea de renunciar a vos, Nancy. Me vi obligado a casarme con aquella mujer, y eso me hizo sufrir mucho.