Nancy seguía siempre silenciosa, con la mirada baja. Godfrey casi esperaba verla ponerse de pie inmediatamente y decir que iba a volverse a casa de su padre. ¿Cómo podría mostrarse piadosa para con faltas que debían parecerle tan negras, dada la sencillez y serenidad de sus principios?

En fin, Nancy alzó los ojos hacia su marido y habló. No había ninguna indignación en su voz, sólo había la expresión de un profundo pesar.

—Godfrey, si me hubierais dicho esto hace seis años, hubiéramos podido cumplir en parte nuestro deber para con la niña. ¿Creéis que me hubiera negado a recibirla, sabiendo que era nuestra hija?

En aquel momento Godfrey sintió toda la amargura de un error que no había sido solamente inútil, sino que había fallado su propio objeto. No había sabido apreciar a aquella mujer con la que había vivido tanto tiempo. Pero ella habló de nuevo y con más agitación que antes.

—Y además, Godfrey, si la hubiésemos traído entonces, si vos os hubierais encariñado con ella como debíais, ella me hubiera querido como a una madre y vos hubierais sido más feliz conmigo. Me hubiera sido más fácil soportar la muerte de mi nene y nuestra vida hubiera podido parecerse más a lo que antes pensábamos que sería.

Las lágrimas de Nancy empezaron a correr y ella cesó de hablar.

—Pero entonces no hubierais querido casaros conmigo, Nancy, si os lo hubiera dicho—replicó Godfrey, impulsado por la severidad de los reproches de su conciencia, a probarse a sí mismo que su conducta no había sido una locura completa—. Ahora os parece que me hubierais aceptado por esposo, pero no lo hubierais hecho en aquel momento con vuestra altivez y la de vuestro padre; os hubiera repugnado el tener relaciones conmigo, después de las revelaciones que os hubiera hecho.

—No sabría deciros cuál hubiera sido mi decisión a ese respecto, Godfrey. En todo caso, nunca me hubiera casado con otro. Pero yo no merecía que se hiciera daño a causa de mí; nada lo merece en este mundo. Ninguna cosa es tan buena como lo parece a primera vista; nuestra misma unión no lo es, ya lo veis.

Pasó una débil y triste sonrisa por la fisonomía de Nancy cuando pronunció estas últimas palabras.

—Soy un hombre peor de lo que pensabais, Nancy. ¿Podréis perdonarme algún día?