El squire había dejado el cuchillo y el tenedor y miraba a su hijo fijamente y con estupefacción. Su espíritu no era bastante sutil como para adivinar qué causa había podido causar aquella extraña inversión de las relaciones entre el padre y el hijo que importaba aquella intención de Godfrey de darle cien libras esterlinas.
—La verdad es, mi padre... lo siento mucho... que hice muy mal. Fowler pagó como dijo las cien libras esterlinas. Me las entregó cuando fui allá, el mes pasado. Pero Dunsey me atormentó tanto para que le diera ese dinero que se lo facilité porque esperaba entregároslo en seguida...
El squire, que se había puesto rojo de cólera antes de que su hijo hubiese acabado de hablar, consiguió más que expresar con dificultades:
—¿Vos le dejasteis el dinero a Dunsey, señor? ¿Y desde cuándo sois tan íntimo con vuestro hermano que os veáis obligado a asociaros con él para disponer de mi dinero? Estáis en camino de volveros un pícaro. Os digo que no toleraré esto. Echaré a la calle toda vuestra secuela y me volveré a casar. Quisiera, señor, que os acordarais de que mi propiedad no es un bien inalienable. Desde la época de mis bisabuelos, los Cass pueden disponer de sus tierras como mejor les parece. No olvidéis eso, señor. ¿Le entregasteis el dinero a Dunsey? ¿Y por qué se lo entregasteis? Tiene que haber en esto una mentira.
—No hay ninguna mentira, mi padre—prosiguió Godfrey—. Yo no hubiera gastado el dinero para mí; pero Dunsey me presionó tanto que hice la tontería de entregárselo. Pero yo tenía la intención de entregároslo, que él me lo devolviese o no. Eso es todo. Nunca pensé en apropiarme ese dinero. Jamás me habéis sorprendido haciéndole una mala partida a mi padre.
—¿Dónde está Dunsey, entonces? Por qué os estáis aquí hablando. Id a buscar a Dunsey, os digo, y que explique por qué necesitó ese dinero y qué hizo de él. Se arrepentirá. Lo arrojaré a la calle. He dicho que quería hacerlo y lo haré. No me volverá a faltar. Id a buscarle.
—Dunsey no ha vuelto, mi padre.
—¿El qué? ¿Se ha roto el pescuezo entonces?—dijo el squire mostrándose algo descontento con la idea de que, si así era, no podría poner en práctica sus amenazas.
—No, no se ha hecho daño, creo, porque el caballo fue encontrado muerto, y Dunsey debió poder marcharse a pie. Supongo que pronto lo volveremos a ver. No sé dónde está.
—¿Y por qué tuvisteis que darle mi dinero? Respondedme a esto—continuó el padre, atacando de nuevo a Godfrey, puesto que no tenía a Dunsey a su alcance.