Por lo que sabía de la señora de Winthrop, su mejor amiga después de Silas, comprendía que una madre debía ser muy preciosa; y muchas y muchas veces le había pedido a Marner que le dijese cómo era la fisonomía de su madre, a quién se parecía aquella pobre mujer, y cómo la había encontrado contra la mata de retama, guiado hasta aquel sitio por las huellas de los pequeños pasos y de los bracitos echados hacia adelante. La mata de retama todavía estaba allí, y aquella tarde, cuando salió con Silas al sol, eso fue el primer objeto que atrajo y concentró las miradas y los pensamientos de Eppie.

—Papá—dijo la joven con un tono de dulce gravedad que, como una cadencia triste y lenta, interrumpía a veces su alegría—, vamos a cercar la mata de retama; así se encontrará en el ángulo del jardín, y alrededor voy a plantar margaritas y crocus, porque Aarón dice que esas plantas no mueren y se desarrollan cada vez más.

—¡Ay, hija mía!—dijo Silas, siempre dispuesto a hablar cuando tenía su pipa en la mano, causándole evidentemente más placer el dejar de fumar que el arrojar bocanadas—, no estaría bien que dejáramos sin cercar la mata de retama. A mi entender, no hay cosa más bonita cuando está cubierta de flores amarillas. Lo que hay es que me pregunto cómo haremos para tener una cerca. Quizá Aarón pueda darnos un consejo. Necesitamos poner una, porque, si no, los asnos y las otras bestias lo estropearán todo. Y no es fácil hacer una cerca, según tengo entendido.

—¡Ah, se me ocurre una idea, papaíto!—dijo Eppie de pronto, juntando las manos, después de reflexionar un minuto—. Aquí hay una gran cantidad de piedras desparramadas. Algunas no son grandes: podríamos colocarlas unas encima de otras y hacer una pared. Vos y yo colocaríamos las pequeñas y Aarón cargaría las otras, estoy segura.

—Pero, tesoro mío—dijo Silas—, no hay bastantes piedras para rodear todo el jardín, y en cuanto a que las carguéis vos no hay ni qué pensarlo. Con vuestras manitas seríais incapaz de cargar una mayor que una patata. Sois de una constitución delicada, querida mía—agregó con voz suave—; eso es lo que dice la señora de Winthrop.

—¡Oh! yo soy más fuerte de lo que os imagináis, papá—repuso Eppie—, y si no hay bastantes piedras para cercar todo el jardín, servirán para proteger una parte. Después será más fácil conseguir palos u otras cosas para el resto. ¡Fijaos cuántas piedras hay alrededor de la cantera grande!

Corrió hacia aquella parte para levantar una de aquellas piedras y demostrar su fuerza; pero de pronto retrocedió muy sorprendida.

—¡Ah! papá—exclamó—, venid a ver cómo ha bajado el agua desde ayer. ¡La cantera estaba ayer tan llena!

—Es cierto—dijo Silas, poniéndose junto a ella—. ¡Ah! es el drenaje que han comenzado a hacer después de la cosecha en las praderas del señor Osgood. Me parece que sea eso. El que dirige los trabajos nos dijo días pasados cuando yo pasaba cerca de los obreros: «Maese Marner, no me extrañaría que fuésemos a dejar nuestro pequeño campo más seco que un hueso. Es el señor Godfrey Cass quien se ha puesto a drenar; ha readquirido esos prados del señor Osgood.

—¡Qué raro nos va a parecer el ver seca la vieja cantera!—dijo Eppie, mientras que se volvía y agachaba para levantar una piedra bastante grande.