—¿Y con quién se quiere casar?—dijo Silas sonriendo con bastante tristeza.
—Pero, conmigo, naturalmente, papaíto—respondió Eppie con una sonrisa, que acentuaba sus hoyuelos; y besándole las mejillas a Silas, agregó—: ¡como si se le pudiera ocurrir casarse con otra!
—¿Y vuestra intención, Eppie, es ser suya?—continuó Silas.
—Sí, más adelante—respondió Eppie—. No sé cuándo. Aarón dice que todos se casan un día u otro; pero yo le hice notar que eso no era cierto, porque le dije: «Fijaos en papá, que no se ha casado nunca».
—No, hija mía—dijo Silas—; vuestro padre vivió solo hasta que le fuisteis enviada.
—Pero ahora nunca os quedaréis solo, papá—repuso Eppie con ternura—. Aarón me dijo: «Jamás se me ocurrirá, Eppie, la idea de separaros de maese Marner». Y yo le respondí: «Sería inútil que pensarais en eso, Aarón». Quiere que vivamos juntos, a fin de que no tengáis que seguir trabajando, papá, a menos que sea por vuestro gusto. Será para vos un hijo, son sus propias palabras.
—¿Y eso os agradaría, Eppie?—repuso Silas mirándola.
—A mí me daría lo mismo, papá—respondió Eppie con naturalidad—. Me gustaría que las cosas se arreglaran de manera que vos no tuvierais que trabajar. Sin embargo, si no fuese por eso, me gustaría más que no hubiera ningún cambio. Me encuentro muy feliz así; me agrada que Aarón me quiera y venga a vernos con frecuencia y que se conduzca bien con vos; a la verdad que siempre se conduce bien con vos, ¿no es verdad, papá?
—Sí, hija mía; nadie podría portarse mejor—dijo Silas—. Es el digno hijo de Dolly.
—En cuanto a mí, no deseo ningún cambio—prosiguió Eppie—. Me gustaría seguir mucho tiempo, pero mucho tiempo, igual como estamos. Pero Aarón no piensa como yo, y me hizo llorar un poco. ¡Oh, un poquito no más! porque me dijo que yo no lo quería, porque de otro modo desearía la unión como la desea él.