—¿Y no ha hecho usted nada hasta ahora para probar que no se engaña?
—¿Qué he de hacer? La justicia ha pronunciado su fallo.
—¿Y si se ha engañado?
—La justicia no se engaña, aunque es algunas veces engañada, que no es lo mismo.
—¿Había, pues, en ese asunto alguien que tuviera interés en engañar á la justicia?
—Acaso.
—¿Le conoce usted?
—No, no le conozco.
En este momento Sorege, inquieto al ver que la conversación de Tragomer y de su prometida se prolongaba, apareció en la puerta del salón. Miss Harvey le hizo seña con el abanico de que se aproximara y con todo el ímpetu incontrastable de su naturaleza, le dijo:
—Venga usted por acá. Estoy encantada de que mi padre me haya presentado al señor de Tragomer, que me está interesando mucho con el asunto de Freneuse, sobre el cual nunca he podido arrancar á usted ni una palabra. ¿Por qué no me ha dicho usted que le creía inocente?