Hizo una señal á su padre y se alejó seguida de Sorege. Marenval, que acechaba á su compañero hacía largo rato, se acercó entonces y preguntó, no sin inquietud:
—¿Qué diablos de conferencia han tenido ustedes los tres en ese rincón?
Por los ademanes, me parecía que la conversación era grave.
—Y no se engañaba usted. Á poco me ofrece miss Maud llevarme ella misma á la Nueva Caledonia…
—¡Usted se chancea!
—No, por cierto. Y esto, delante de Sorege. Todavía tiemblo.
—¿Entonces la hija después del padre? ¡Pero esta familia tiene la manía de pasear á la gente por el mar!
—Me ha hecho sufrir un verdadero interrogatorio á propósito de Jacobo de Freneuse…
—¡Bah! ¿Para qué?
—Eso quisiera yo saber. He sospechado un instante que Sorege había preparado esta encerrona para cogerme… Pero no; estaba tan violento como yo… Todo ha sido casual… En todo caso pienso, en un momento dado, sacar partido de la entrevista. Miss Harvey no permanecería indiferente á nuestros esfuerzos en favor de Freneuse. Si hay necesidad de pedirle su ayuda en una circunstancia decisiva, no la creo mujer de regateárnosla.
—¿Contra su prometido?