—¿Pero tienen ustedes, al menos, esperanzas de lograr su empeño? dijo la anciana, espantada por las restricciones de Tragomer.
—Mi querida prima, dijo Marenval, míreme usted bien. Yo no me aventuro con frecuencia y, sobre todo, jamás lo hago á la ligera. Para que un hombre como yo, al fin de su carrera, acomodado, dichoso, libre, rico, y sin otro cuidado que el de vivir bien, emprenda un asunto como este en que nos hemos comprometido Tragomer y yo, es preciso que esté firmemente seguro del resultado… ¡Sí! Lo lograremos.
La señora de Freneuse miró con extrañeza mezclada de asombro á Cipriano y éste añadió con acento de bondad:
—Tragomer me lo ha prometido y tengo confianza en él.
—Pero ¿cómo sabremos lo que suceda?
—Todo lo he previsto. Mi ayuda de cámara recibirá nuestras cartas y se las traerá á ustedes; así estarán al corriente, sin recibir una correspondencia directa. La indiscreción de un empleado ó la charla de un doméstico podrían descubrirnos y echarlo todo á perder.
—¿Y que haré yo para responder á ustedes?
—Seguirán el mismo camino. Mi ayuda de cámara es un hombre de confianza, como Giraud… Pueden ustedes darle sus cartas y él las dirigirá al capitán de nuestro yate.
—Lo que encargo á ustedes desde ahora, dijo con intensa emoción la anciana, es que abracen á mi desgraciado hijo en mi nombre y le aseguren que mi corazón no ha dudado jamás de él y que mi pena no me ha importado pensando en la suya. Ha cometido muchos errores y muchas faltas, pero está pagando su mala vida con un suplicio que le limpia y le engrandece. Díganle ustedes esto que le consolará si ha llorado y antes de prometerle la rehabilitación háganle ver que nada es perdido en este mundo, ni aun el dolor…
—Realizaré sus deseos, señora, dijo gravemente Tragomer; pero si usted piensa que se puede expiar cualquier error, dígnese ser indulgente con los que yo he cometido. ¿No querrá usted abogar por mi con la señorita de Freneuse? Sería muy dulce para mi decirle adiós antes de marchar. Si sigue inexorable por lo que á ella concierne, acaso quiera animarme por cariño á su hermano. No pido ningún perdón, ninguna esperanza. Un sencillo deseo de buen éxito y si no vuelvo, una oración.