—¡Vamos, Marenval; ahora partamos.
—¡Partamos! repitió Cipriano con energía.
Y abrazando calurosamente á las dos mujeres, siguió á Tragomer.
SEGUNDA PARTE
VI
La chalupa de vapor se detuvo al pie de la escalera del muelle y un sargento de infantería de marina tiró con un gancho de la embarcación para facilitar el desembarque del pasajero. Éste se levantó de la popa, donde estaba sentado al lado del timonel y dijo en inglés:
—Esperadme aquí hasta que vuelva. Acaso tardaré largo tiempo; que ni un solo hombre baje á tierra.
—Muy bien, master Cristián.
Tragomer vestido de tela blanca y llevando en la cabeza el casco colonial de corcho, saltó con ligereza á las losas mojadas de la escalera y subió al muelle. Una bandada de canacos vestidos de sórdidos oropeles se agolpó delante del viajero. El sargento exclamó rudamente.
—¡Atrás! atajo de brutos…