Se dieron un apretón de manos y Tragomer sintió en el vigor de la mano de Jacobo que éste no faltaría á su palabra.
—Me voy, amigo, dijo al vigilante. Puede usted llevarse á su pensionista…
Al llegar á la puerta, el vigilante preguntó á Cristián:
—¿Le ha interesado á usted, milord? Es un pobre diablo completamente inofensivo… Anda por todas partes en libertad y no hay peligro de que quiera escaparse… Aunque le dejaran la puerta abierta no se iría… Ande usted, 2317, váyase solo á su departamento; yo voy á acompañar á milord…
Jacobo inclinó la cabeza para ocultar la animación de su fisonomía, y saludando á Cristián balbuceó:
—Hasta la vista, señor; no olvide usted que me ha prometido libros.
—Convenido. Hasta mañana.
El penado se alejó y Cristián lo siguió impasible con los ojos.
—Está algo loco, dijo al vigilante, pero creo, como usted, que es inofensivo…
—Un niño, milord.