Cada uno de ellos cogió á Jacobo por un brazo y los tres se dirigieron al comedor.
TERCERA PARTE
IX
Jenny Hawkins volvía á su casa, á las diez de la mañana, cargada de flores que acababa de comprar en el mercado de Covent-Garden, y su doncella le dijo al abrir la puerta:
—Un caballero espera en el salón á la señora.
—¿Quién es?
—Aquí tiene la señora su tarjeta.
Juana Hawkins cogió el cuadrado de cartulina y leyó: El conde Juan de Sorege. Jenny no se tomó tiempo para quitarse el sombrero y el abrigo. Dió el brazado de flores á la doncella, abrió la puerta del salón y entró. Sentado cerca de la ventana, en aquella pieza amueblada de un modo macizo y sin gracia, á la inglesa, Sorege se entretenía en mirar la calle. Se volvió vivamente y al ver á la joven venir hacía él fresca, sonriente y animada por su paseo matinal, dijo:
—El triunfo de anoche no ha fatigado á usted, según veo, pues se ha levantado tan temprano…
Sorege le ofreció la mano, pero Jenny pareció no ver su movimiento y se acercó á un espejo donde se quitó el sombrero y se arregló el cabello mientras hablaba: