Vesín y Marenval se levantaron.
—¿Viene usted á comer conmigo? dijo el magistrado á su pariente.
—Sí, voy á vestirme y me voy con usted. Dejaremos á estos jóvenes hacerse sus confidencias.
—¿Á dónde van ustedes? preguntó Tragomer.
—Al Savoy. Es donde se come mejor.
—Y más caro.
—No comerán ustedes mejor que á bordo.
—Es posible, dijo el fiscal riendo; pero no olvide usted que, moralmente, los jueces no deben comer en la misma mesa que los procesados.
—Hasta mañana, pues.
—Hasta mañana en casa de Julio Harvey.