—Y que continúa no haciendo nada para repararla, interrumpió bruscamente Jacobo. ¿Desde cuándo sabes que Jenny Hawkins es la misma mujer que Lea Peralli?

Jacobo le miraba de frente, pero Sorege no pestañeó.

—¿Estás loco? ¿Quién? ¿Esa americana? ¡Lea Peralli! Bien sabes que está muerta. Te engaña una semejanza que á mi también me sorprendió. ¡Oh! Sé que existe un parecido increíble!…

Tragomer le interrumpió poniéndole la mano en el brazo, y le dijo con tristeza viéndole perdido:

—No mienta usted, Sorege. Bien sabe usted que me ha dicho que Jenny Hawkins era Juana Baud… No puede usted salir de este paso sino por la franqueza. Si ha cometido una falta, explíquela sin reticencias, pero no trate de negar, porque es inútil. Cada paso que dé ya en esa vía, le perderá más seguramente…

—¡Me perderá! interrumpió Sorege con violencia. ¡Pero que extraño cambio de papeles! ¿Perderme yo, que no tengo nada de qué arrepentirme?

—Mientras que yo, añadió Jacobo riendo con amargura, he sido condenado como criminal, ¿verdad? Sí, Sorege, tienes razón. Si yo soy culpable, tú eres inocente.

—Pero, Jacobo ¿es posible? ¡Sospechas de mí! ¡Me acusas! ¿De qué?

—Voy á decírtelo puesto que tienes la audacia de preguntármelo, puesto que no has desaparecido al verme para esquivar tus responsabilidades, puesto que, contra toda verosimilitud, luchas todavía. Te acuso de haber sabido desde el primer momento la existencia de Lea, cuando me juzgaban por haberla matado. Te acuso de haber ido á declarar bajo la fe del juramento lo que sabías que era falso, acto que constituye un crimen para todo hombre honrado, pero que en ti, Sorege, mi amigo, mi hermano, como decías hace un momento, es la acción más baja y más cobarde que se puede cometer. Aquí tienes de lo que te acuso, puesto que deseabas saberlo.

Sorege soportó aquel terrible apóstrofe con absoluta firmeza. En realidad no le oía ni tenía necesidad de oirle. Sabía de antemano lo que le diría Jacobo y sólo pensaba en ganar tiempo para reflexionar. Sabe, pensaba, que Lea vive y que ha sustituído á Juana Baud. ¿Pero sabe que la muerta fué Juana? He aquí lo esencial. Si ese punto es todavía oscuro para él, nada hay perdido todavía. Lea está viva pero el vivir no es un crimen. Yo puedo haber sabido su existencia hace poco tiempo. Este es el plan. Y con rapidez maravillosa pasó á ejecutarle.