—¡Locura! ¡Locura! Estás engañado por falaces apariencias. Si no dije nada en el momento del proceso, es porque no sabía nada. Tú has reconocido á Lea en Jenny Hawkins; también Tragomer la reconoció; pero yo estuve engañado más tiempo que vosotros y solamente al fin de mi viaje, cuando Tragomer me encontró en San Francisco, logré descubrir la identidad de la cantante. Pero he sido engañado como vosotros…
Mientras hablaba, Sorege seguía reflexionando y con la destreza de un hábil tejedor entrecruzaba los hilos de su intriga. Es preciso, pensaba, que yo salga salvo de aquí y que hable con Lea antes que ellos. Si lo consigo, le haré comprender que debe marcharse. Si ella desaparece, estoy salvado.
—¡Tú! repuso Jacobo, ¿Tú engañado? No, Sorege. Por una razón que ignoro, tenías interés en no decir nada. Porque no voy tan lejos como pudiera ir, ¿comprendes? y no veo en tí todavía más que un amigo infiel que me ha abandonado en vez de defenderme. Pero si por tu desgracia hubieras sido cómplice…
La fisonomía de Jacobo tomó una expresión terrible, se levantó y resuelto, amenazador, dominando con toda la altura de su cabeza á Sorege encorvado y vacilante, añadió.
—Si has sido cómplice, será preciso que me pagues todas las torturas que he sufrido por tu causa, las oraciones de mi hermana desesperada, las lágrimas de mi madre, cuya vida has truncado…
La cara de Sorege, se contrajo, una arruga de amargura apareció en sus labios y con una rabia que ya no podía contener, dijo:
—¡Basta ya de amenazas! ¡Demasiada paciencia he tenido ya! Si tu madre y tu hermana han llorado, ha sido por tus locuras y nadie es responsable más que tú. Si has sufrido, es porque habías cometido faltas imperdonables. Cesa ya de eludir las responsabilidades. ¿Acaso el presidio ha convertido milagrosamente en un santo á un desgraciado perdido por los vicios? ¿Porque fuiste condenado has adquirido el derecho de acusar á los demás? No prescindamos por más tiempo del sentido común. Hay aquí un hombre honrado tratado indignamente, pero ese no eres tú, ¡Ya estoy cansado de soportar tus ultrajes! Créeme, sé prudente y no abuses de la suerte que has tenido al poder escaparte. El ruido no conviene á todo el mundo. Más te vale vivir pacíficamente bajo el nombre inglés de que te sirves, que llamar la atención de un modo peligroso. Me has rechazado, Jacobo, cuando estaba dispuesto á servirte. Estoy libre de todo deber respecto á ti. Adiós.
Dió tres pasos hacia el salón y ya tocaba con la mano á la puerta cuando esta se abrió por sí sola y aparecieron Marenval y Vesín. Al mismo tiempo que ellos entró en la estufa un soplo de calor perfumado y un rumor de aplausos. Era que Jenny Hawkins acababa de cantar.
—Cierre usted la puerta, Marenval, dijo fríamente Tragomer. El señor de Sorege querría despedirse de nosotros demasiado audazmente, pero nos cree más necios de lo que somos.
—¿Pretenderéis obligarme? exclamó Sorege.