—¡Cobarde!
Me dejó libre y me dijo furioso:
—¡Basta de farsas! ó, por mi honor, que llamo y te entrego al comisario de policía…
Lea ocultó la cara entre las manos y con más rubor que el que le había producido el relato del crimen, dijo sordamente:
—Tuve miedo… y cedí. Ante mi conciencia, esto es lo que hice más abominable…
Jacobo y Lea permanecieron en silencio, inmóviles, penetrados de horror. Por fin la desgraciada levantó la frente y en un impulso desesperado se arrojó á los pies del que había perdido:
—¡Oh! Jacobo, perdóname; te lo suplico. ¡He sido infame! Pero bien ves que ha sido él quien lo ha hecho todo. El es cien veces más criminal que yo, aunque no ejecutase la muerte, porque la había preparado y aconsejado casi. ¡Yo, que tanto te amaba, haberte hecho tanto daño! ¡Hubiera debido escribir á los jueces, disculparte, entregarme! ¡No tuve esa virtud! Huí, y durante ese tiempo tú expiabas tu infidelidad por el suplicio más doloroso que puede sufrir un hombre. Jacobo, estoy á tu discreción; haz de mí lo que quieras… ¡Aborrezco á Sorege! Ayer, todavía, me violentó y prefiero morir á ser suya, sobre todo ahora, que te he vuelto á ver, ¡Jacobo! Tú eres el mismo de siempre, generoso y bueno… Tú no me has denunciado, aunque has adivinado mi crimen… ¡Compréndelo bien! Hasta cuando te perseguía con mi odio, te amaba, Jacobo…
Lea, de rodillas se arrastraba á los pies de su antiguo amante, levantaba hacia él su hermosa cara inundada de lágrimas y todo su ser se estremecía. En un movimiento de febril ardor sus labios tocaron los del joven… Pero él la separó dulcemente y la dejó á cierta distancia, aterrada por aquella frialdad que había esperado vencer.
—Es tarde Lea, dijo; la noche avanza y hay que pensar en mañana. Te agradezco tu franqueza y no abusaré de ella para perderte. ¡Yo no soy un Sorege! Pero es preciso que yo me disculpe y para ello necesito la prueba material de mi inocencia. Esa prueba sólo tú puedes proporcionármela.
—¡Te la daré! ¡No vacilo! He sufrido demasiado y no puedo ya vivir así.
¿Quieres que te escriba la confesión que te he hecho? ¡Estoy pronta!