—El sol empieza á nublarse, dijo, y hace fresco. Esta primavera inglesa es glacial.
—¿Hace mejor tiempo en América?
—¡Oh! En América todo es mejor. Las estaciones no engañan, ni los hombres.
Sorege levantó la cabeza. La alusión era directa; el ataque comenzaba y había que responder inmediatamente.
—¿Ni las mujeres tampoco, sin duda?
Por los ojos de miss Maud pasó una llama.
—¡Las mujeres menos que nadie! dijo con orgullo.
Sorege la miró con aquellos ojos medio cerrados que no dejaban adivinar su pensamiento pero que tan bien seguían el de los demás, y dijo en tono seguro:
—Pues bien, miss Maud, hay que probarlo. ¿Qué significa la acogida que me hace usted?
La joven se levantó ligeramente de su sillón y replicó: