—Señor conde, se lo diré á usted cuando me haya explicado por qué dejó condenar, sin defenderle, á su amigo Jacobo de Freneuse…

Sorege hizo un gesto desdeñoso.

—¡Ah! ¿Volvemos á eso? Pues pregúnteselo usted á el mismo. Anoche le ha visto usted en su casa bajo el nombre de Herbert Carlton, y es de esperar que sabrá explicar á usted, mejor que lo hizo á los jueces, las circunstancias que le comprometieron. Una condena es siempre una mala nota entre personas honradas… No se condena á la gente con tanta facilidad… Y si América es el país de la sinceridad, Francia es el de la justicia.

—¡Bella frase! ¡Muy hermosa! Pero sé que habla usted con facilidad y no habrá usted de satisfacerme con palabras.

—¿Hemos llegado al caso de tener que disculparme con usted?

—Estamos en el caso preciso de que cada cual sepa á qué atenerse. Hace un momento enumerábamos las cualidades de nuestros países. América posee, entre otras, una que domina en todos sus actos: el sentido práctico. Yo soy enteramente americana en ese concepto y quiero, si me caso con usted, señor de Sorege, no tenerme que arrepentir de llevar su nombre.

—Tiene usted muchísima razón, miss Maud, pues es lo único que aporto al matrimonio, ó poco menos. Pero ¿sospecha usted que mi nombre pueda estar comprometido?

—Señor conde, hay muchas maneras de estarlo. Se puede estar comprometido materialmente por malos negocios que conducen á la quiebra. Esto no tiene importancia para nosotros los americanos. El que cae, puede levantarse. Es el eterno movimiento de báscula del comercio y de la industria; la cuestión está en acabar en lo alto. Pero á lo que atribuímos una transcendencia enorme es á la integridad moral. Para una joven que se respeta, es tan imposible casarse con un hombre que ha cometido una acción deshonrosa, como con un criado negro ó un esclavo chino.

Sorege sonrió. Entreabrió los párpados y dijo con tranquilidad perfecta:

—¿De qué se me acusa? Porque se me acusa de algo, no puedo dudarlo, y para justificarme es preciso que conozca las calumnias que se han inventado contra mí.