—Puesto que no puedo escapar á su persecución, entre usted.
Sorege entró sin replicar, dichoso por haberlo logrado á pesar de su resistencia, y augurando bien de aquella primera ventaja. Se sentó en el saloncillo sin que nadie se lo indicara y Lea permaneció en pie, con los brazos cruzados y mirándole con aire preocupado.
—¿De modo que te has pasado al enemigo? dijo Sorege en tono sardónico.
¿Qué te han prometido para que te vuelvas contra mí?
Lea no respondió.
—¡Sin duda te han asegurado la impunidad! ¿Pero cómo es eso posible? Lea Peralli viva supone Juana Baud enterrada. Y si es Lea quien la mató, no fué Jacobo de Freneuse. ¿De qué modo, por qué prodigio se establecerá la inocencia del uno y se salvará al mismo tiempo á la otra?
Lea respondió con acento dolorido:
—¿Y quién permite á usted creer que yo quiero salvarme?
—¿Entonces buscas tú misma la expiación?
La cantante irguió su frente soberbia y dijo con gran tranquilidad:
—¿Por qué no?