—Mi confesión escrita y firmada para probar su inocencia y mi crimen.

Sorege se dirigió hacia ella.

—¿Dónde está ese papel?

—¡Qué le importa á usted!

—Vas á dármelo ahora mismo.

—¡Jamás!

—¡Ah! Estúpida criatura ¡Ten cuidado! Me conoces bastante para saber que no dudaré en hacerte pedazos, si es preciso para mi seguridad.

—Puede usted buscar. No encontrará nada.

—¿Le has enviado ya?

—Esta mañana.