—¡Mientes! Acabas de decirme que hasta mi llegada habías vacilado…
Lea hizo un movimiento al verse adivinada é instintivamente volvió los ojos hacia un escritorio, cerca de la ventana. Sorege se arrojó á él de un salto y á pesar de los esfuerzos que ella hacía para impedírselo, conteniéndola con una mano y registrando con la otra, se apoderó de una carta en cuyo sobre estaba escrito el nombre de Jacobo.
Sorege se apartó con aire sombrío, miró á Lea profundamente y dijo:
—¡Aquí está! ¡ No creía que fueses capaz de denunciarme!
—¿De qué le sirve á usted coger ese papel? gritó la cantante encolerizada. Si usted la destruye, puedo escribir otra declaración.
—Por eso voy á tomar mis precauciones en consecuencia. Siéntate á esa mesa.
Y mostró á Lea el escritorio del que había cogido el papel. La cantante no contestó, ni se movió siquiera. Sorege se llegó á ella, la cogió bruscamente por un brazo y la empujó hasta la silla colocada delante del escritorio.
—Ahora, escribe.
—¿Qué?
—Sencillamente esto: "La pretendida confesión que posee el señor de Freneuse me ha sido arrancada con amenazas de muerte. Libre y dueña de mi misma, me retracto de ella completamente. Jamás he cometido el crimen de que se me obliga á acusarme."