—Sí y á pesar de todo, dijo Marenval con energía.

El bretón miró á su compañero con firmeza.

—Está bien; es usted el hombre que yo esperaba. Venceremos.

Miró el reloj y añadió:

—Es la una de la madrugada; bastante hemos hablado por hoy. ¿Nuestro pacto de alianza está firmado?

—Empeño mi palabra. Si hay que hacer gastos, yo me encargo de ellos. Si se presentan peligros…

—Son de mi cuenta…

—Poco á poco, protestó Marenval. No me ha comprendido usted. Los peligros á medias. Quiero arriesgarlo todo con usted, como un hermano.

—¡Muy bien! Así será.

Se estrecharon la mano y entraron en el círculo por una puerta interior.