Tragomer dejó á sus compañeros, se aproximó al joven y tocándole en el hombro por encima del alto respaldo del sillón, le dijo:

—Buenas noches, Juan, ¿estás bueno?

Sorege abrió los ojos y lanzó á Tragomer una rápida mirada; en seguida sus pupilas velaron de nuevo los misterios de su pensamiento. Una vaga sonrisa se dibujó en sus delgados labios y con voz tranquila respondió:

—¡Calla! Tragomer, ¿estabas ahí? ¿Por qué no has comido en la mesa grande con nosotros?

—Maugirón me guardaba un puesto en su mesa. Por cierto que he sabido una noticia importante para ti. Me han dicho que te casas.

Un ligero estremecimiento agitó la boca de Sorege, que continuó sonriendo.

—¡Ah! ¿Habéis hablado de ese proyecto?

—¡Proyecto! Pero ¿no es seguro?

—¿Lo es algo en el mundo?

—¿Y es una americana tu elegida?