—Entendámonos, dijo Tragomer. Hasta ahora he hablado al magistrado; voy á hablar al hombre, al amigo. Una indiscreción sobre lo que vamos á intentar Marenval y yo podría tener tales consecuencias, que sería locura exponernos á ella.
Pedro Vesín miró á los dos compañeros con cuidadosa gravedad.
—¿Acaso duda usted de mí? ¿Tendré que rogarle que se calle, después de haber solicitado sus confidencias?
—No, dijo Tragomer, y la prueba es que voy á explicárselo todo.
—Y yo les doy mi palabra de olvidar en seguida lo que haya sabido.
Tragomer y Vesín se estrecharon afectuosamente la mano. El vizconde encendió un cigarrillo y dijo con tanta calma como si se tratase de una expedición de placer:
—Como usted comprenderá, el negocio para nosotros es no asustar á los verdaderos culpables. Si por desgracia se informasen de nuestros proyectos, tomarían sus precauciones y ¡adiós!, écheles usted un galgo… Bastaría que Lea Peralli desapareciese, para que todo viniese por tierra. Y yo supongo que el tunante que ha puesto el lazo en que cayó Jacobo de Freneuse, sería muy capaz de deshacerse de ella si lo creía necesario. Aunque usted me hubiera mostrado la máquina judicial pronta á funcionar para la revisión del proceso, aunque me hubiera usted asegurado la buena voluntad del ministro, hubiera yo renunciado á someter, por ahora, el asunto á la justicia y á presentar los hechos nuevos que harían necesaria la revisión. Al primer ruido, todas las pruebas desaparecerían y nos encontraríamos desarmados. Lo primero es tener en nuestra mano á los culpables y no dejarlos escapar. Entonces avanzaremos. Tenemos, pues, que hacer averiguaciones y ¿quién sabe? acaso tomar resoluciones graves que nos serán impuestas por los acontecimientos. Desde luego debemos ponernos en relación con Jacobo, á fin de que sepa que existe Lea Peralli y para juzgar con él, hablando larga y maduramente, sobre las consecuencias que trae consigo este hecho inesperado.
—¿Pero van ustedes á ir á Numea? exclamó Vesín con mal contenido asombro.
—Vamos á ir á Numea, declaró fríamente Marenval.
—Allí, dijo Tragomer, nos pondremos de acuerdo con Freneuse sin que la administración adivine nuestros proyectos. Escribir es peligroso, pues se abren las cartas de los penados y se leen sus respuestas. Estudiaremos, pues, la situación de viva voz y veremos qué debemos hacer.