—Un gran animal capaz de estrangular á Stop, decía el guarda, no, mi ama; no le conozco ni gris, ni negro, ni rojo. ¡Ah! Diantre! ¡qué desgracia no haber estado yo allí! ¡No correría por los caminos á estas horas!

—Pero, en fin; ¿usted no supone á quién podría pertenecer? El perro era demasiado hermoso para su amo....

—¡Bien puede ser que le hubiera robado!...

—¡No! El animal no le hubiera defendido á una simple indicación, como lo ha hecho ...

—Á menos que no sea el gran perdiguero del señor Julleville d'Auffray ...

—¿Quién es ese señor Julleville?...

—Un almacenista del valle ...

—¿Y se pasea por los caminos en blusa y á pie?

—No, por cierto; prefiere ir de levita y en su carricoche de dos caballos ...

—¿Prestaría su perro?