—Pero, ¿cómo has llegado hasta aquí?

—Saltando el foso. El perro no estaba allí ya, para morderme las pantorrillas ...

—¿Lo había intentado?

—Si, el primer día; entonces traje conmigo el perro gris ... y ya has visto cómo le ha tratado.

—Pero, ¿y si hubieras encontrado al guarda?

—Le he encontrado varias veces ...

—¡Oh! Dios mío ...

—Lo que me ha costado veinte francos por vez ... Esta noche, ciento ... pero hoy la cosa era más grave ... ¡había escalada!

—¡Qué dicha, que ese hombre sea un bribón!

Si: ya lo ves, nada es inútil. Hasta los malvados sirven para algo.