—En fin, has llegado hasta aquí. Y ahora, ¿qué vamos á hacer para marcharnos?
—¡Ah! Has dicho "marcharnos", dijo Mauricio alegremente.
—No creerás que quiero quedarme con mi tía ...
—¡No! querida Herminia; pero me llena de gozo que me hayas evitado pedirte que me sigas.
—¡Oh! mi único amigo, exclamó llorando la joven, ¿qué me queda fuera de ti? ¿Con qué puedo contar más que con tu ternura? ¡Ya ves qué desgraciada soy y cuan injustamente ... ¡Ámame mucho, para consolarme de tantas tristezas!
—¡Te amo! ¡Te amo! querida mía, con toda mi alma. No tengo más que á ti y á mi buen padrino ... ¡ Oh, sí! Te amo y yo haré que todo lo olvides.
Un puñado de arena que venía del parque les volvió al sentido de la realidad.
—Es mi padrino, que se impacienta ... Y tiene razón ... Vámonos.
—¿Por dónde?
—Por la puerta.