—Pero, está cerrada por fuera....
—¿No es más que eso?
Sacó del bolsillo un estuche complicado, abrió una hoja en forma de destornillador y con la tranquila habilidad de un ladrón de oficio, se puso á desmontar la cerradura, que á los cinco minutos estaba sobre la mesa. Entonces, cogiendo la cuerda y metiéndola en el bolsillo, dijo:
—Ponte un abrigo y un sombrero y huyamos.
—Pero, si encontramos alguien....
—Le compro ó le mato; como él quiera.
—¡Vamos!
Herminia, en la exaltación propia del caso, llegaba á creer muy naturales esos medios extraordinarios. Salieron al corredor y á paso de lobo, se encaminaron hacia la escalera que bajaba á las dependencias. Los criados debían estar durmiendo, porque todo estaba apagado en el castillo. Un rayo de luna, muy molesto, iluminaba la galería y la escalera; y el patio estaba enteramente blanco. Llegaron al piso bajo y estaban orientándose para llegar á la cocina, que tenía una puerta al patio, cuando del lado del vestíbulo, hacia la derecha, se oyeron unos pasos. Los fugitivos se detuvieron en un rincón y Mauricio miró en aquella dirección y murmuró:
—¡Es Bobart!
Herminia sintió un horrible temblor. El abogado avanzaba con una linterna en la mano y su inevitable escopeta en bandolera. Había declarado que no se servía de su arma habitualmente; pero ¿quién sabe de lo que es capaz un torpe dominado por el miedo? Lo menos que podía hacer, era despertar á todo el castillo. ¡Y entonces, escándalo, lucha, prisión acaso! En un momento, el cerebro sobrexcitado de Herminia imaginó muchos dramas.