—Suba usted, señora.
Herminia se disponía á poner el pie en el estribo; pero el tutor de Mauricio, cogiéndola por el talle, la atrajo hacia sí y con emoción que se comunicó á la joven, dijo:
—Ahora que está usted libre, niña querida, abracémonos.
Se volvió después hacia Bobart, y, con voz muy tranquila, añadió:
—Adiós, Bobart; estoy tan contento, que olvido todas sus canalladas. Pero no abuse usted de mi benignidad para volver á las andadas, porque en ese caso, no seré ya tan indulgente, ¡Mis recuerdos á Clementina! Subió, y el coche partió al trote de un caballo que podía correr diez y ocho kilómetros por hora.
Bobart, muy corrido, emprendió el camino del castillo, murmurando: "Y ahora, ¿qué voy á hacer? ¿Conviene despertar á la señorita Guichard? ¿Conviene esperar á mañana para darle la fatal noticia? Si la despierto, noche toledana ... pero si no la despierto, me acusará de falta de celo ... Ahora no hay que esperar que separe á Herminia de su marido; nada une á dos jóvenes como una aventura corrida así, en común. Mauricio resulta embellecido por un prestigio novelesco; ¡ha conquistado á su mujer!... ¡Vaya usted á quitársela ahora! Herminia se dejaría morir de hambre, se ahorcaría con sus cabellos, se arrojaría por la ventana, alborotaría todo el barrio, mejor que seguir por segunda vez á la señorita Guichard. El negocio está perdido, absolutamente perdido. Clementina está derrotada en toda la línea ... ¡Falta saber cómo tomará la cosa! Si se enfada, puede desheredar á su sobrina, y entonces yo recobro la herencia ... ¡que vale la pena!... Así pues, debo mostrar un gran celo en estas circunstancias; todo hace creer que recibiré la recompensa con el tiempo."
Durante este monólogo, se acercó al castillo. Sin vacilar, fué á la campana que servía para llamar á comer y, tirando vigorosamente, rompió el silencio de la noche con un repique rabioso. Al cabo de un instante aparecieron luces en los corredores y se mostraron en las ventanas formas inquietas.
—¿Qué hay? preguntó el criado.
—¡Llame usted á la señorita, despiértela! gritó Bobart, con voz entrecortada de intento.
—¿Hay fuego en el castillo? preguntó imperiosamente Clementina, que apareció en chambra y gorro de dormir. ¿Qué significa ese ruido, Bobart?