—Con la señorita Guichard ese viaje hubiera sido un destierro.
—Mientras que, contigo, querido Mauricio, voy á ver países ... ¡Qué contenta estoy!
—¡Enhorabuena! dijo Roussel. Desde que empezamos á comer, esta es la segunda vez que lo dices.
—¡Tengo tal placer en explayarme, en desbordar, en hablar como pienso y en pensar como me agrada ... ¡Oh! aquí respiro ... renazco.
—¡Querida Herminia!
—Y es que usted no me turba absolutamente nada. Delante de mi tía no me atrevía á decir una palabra ... Con usted, las ideas me acuden naturalmente ... Y me parece que no soy tan imbécil como suponía el señor Bobart....
—¿Cómo?
—Sí; un día, al pasar por delante de las ventanas del salón, oí á Bobart que decía: "Esta pequeña es bastante bonita, pero imbécil como un ganso ..."
—¡Viejo idiota! exclamó Roussel.
—¡Despreciable bribón! dijo Mauricio.