—Ese ... ¡tranquilízate; no le verás más!
—Después de su mala suerte, no lo dudo. Tú eres como Napoleón; en punto á lugartenientes no te gustan los que no tienen suerte ...
—¡Ah! ¡Bien me la habéis jugado!
—Pero ¿dónde habitabais?
—Cerca de Auffay, en el castillo de Peroeville ... El perro gris también era de allí ...
—Habéis hecho bien en no volverle á llevar. Le había hecho preparar veneno.
—Lo sospechaba.
—¡Eres hábil!
—La escuela de la desgracia. Tú eres la que me has formado.