—Soy su sobrina, balbuceó Herminia.
—¡Oh! Me alegro infinito! dijo él con calor. Usted podrá ser intérprete cerca de ella de mi reconocimiento, en tanto que puedo expresárselo yo mismo....
Herminia, aterrorizada por la necesidad de sostener la conversación desde lo alto del terraplén, contestó con las primeras palabras que vinieron á su mente y que, naturalmente, fueron las que respondían mejor á sus íntimos sentimientos:
—¡Ah! señor, buen susto nos ha dado usted.... y fuimos muy dichosas cuando tuvimos certeza de que no estaba usted gravemente herido.
Se interrumpió, se puso muy encarnada y permaneció delante de Mauricio, asombrada é inquieta por haber hablado tanto. El joven la miraba con un placer manifiesto. Herminia estaba vestida con un traje de batista muy clara y en el terraplén, sobre un fondo de follaje, coronado de racimos, su silueta se dibujaba de un modo encantador para un artista. Mauricio vió en un momento la composición de un cuadro y prolongando su sensación artística, examinó á su gracioso modelo, detallando su fino cuerpo, sus hombros redondos, su cabeza orlada de cabellos rubios que un rayo de sol hacía brillar como un nimbo de virgen. El pintor pensó: "Es bonita como un ángel y tímida y adorable en su cortedad. Siento no poder pedirle que me deje sacar un croquis, pero esto sería poco correcto." Se quitó el sombrero y dijo muy respetuosamente:
—Veo, señorita, que usted también ha tenido la bondad de interesarse por mí; reciba, por ello, mi más vivo agradecimiento....
Y con pena, pero comprendiendo que las conveniencias lo exigían, se alejó. Herminia le siguió con la vista mientras pudo y volvió á su cuarto soñando por vez primera en su vida. Mauricio tomó un camino de travesía por el bosque y se volvió á Montretout, donde comió y pasó la noche pensando en la joven del terraplén.