—¡Ah! mi querido padrino; si usted hablase con ella solamente un cuarto de hora, estaría usted seguro de ello. La dulzura de su voz, la gracia de su mirada, todo atestigua un corazón exquisito.
—Yo creo que si tú te has puesto á amarla tan deprisa y tan fuerte, dijo Fortunato sonriendo, es que tiene un encanto irresistible.
—Y con todo eso, es tan modesta, tan bien educada....
—¡Oh! no se parece á Clementina ... Pero te decía que me había contenido el temor de que fueses víctima de la señorita Guichard, como lo he sido yo ... He pensado mucho en todas estas cosas desde que volví de mi viaje y he adquirido la certidumbre de que podrás escapar al peligro. ¿Qué es lo que tú quieres, en suma? Una mujer y no una fortuna. Y bien; cásate con Herminia, y si la señorita Guichard te atormenta, coges á tu mujer del brazo y te la llevas. Tú serás siempre independiente. Así pues si Herminia te ama....
—Me amará.
—¡Debe amarte ya! Pero la señorita Guichard estará, de seguro, furiosa por no haberte visto desde hace dos semanas. Va á ser preciso jugar mano á mano con esa buena pieza. ¿Estás dispuesto á seguir el plan que te voy á trazar?
—Ciegamente.
—Pues bien, escucha. Si cometieras la imprudencia de presentarte mañana en la Celle-Saint-Cloud, con el aire radiante y diciendo á Clementina: "¡Heme aquí! Mi tutor consiente en que me case con su sobrina de usted; ¿quiere usted concederme su mano?" puedes estar seguro de que te pondrían en la puerta con todos los honores debidos á tu posición de hijo adoptivo de un hombre execrado. Será, pues, necesario que te presentes con cara de contricción y de inquietud, que pidas hablar en secreto con la señorita Guichard y que cuentes que te he sorprendido yendo á su casa y que ha habido entre los dos una escena violenta, cuya conclusión ha sido este ultimátum formulado por mí: romper toda relación con mi enemiga ó abandonar mi casa.
—¡Cómo! ¿Será preciso abandonar á usted?
—Durante el tiempo necesario para las capitulaciones y hasta el matrimonio. Si Clementina te viese continuar viviendo conmigo, como es lista, sospecharía alguna astucia y te daría que sentir. La única probabilidad de éxito que tienes con ella es aparecer enfadado conmigo y que sea yo el condenado á sufrir. De este modo te acogerá como á un aliado, porque, es triste decirlo, pero ella no entrega su sobrina á un buen muchacho capaz de hacerla feliz, sino á un hijo ingrato que pone en peligro la dicha de mi vida. No protestes; yo sabré, naturalmente, á qué atenerme y la apariencia de la falta bastará. Tú, continuarás amándome tanto más cuanto más grande te parezca mi sacrificio. Pero no dejes sospechar nuestro convenio ni demuestres cariño hacia mí: el día en que Clementina no vea en ti un instrumento de rencor, te odiará y todo se habrá perdido.