—¡Ah! ¡Ah! Esto pudiera ser ... con un poco de habilidad ... pero seria muy difícil ... ¡Se aman!

Esta atroz circunstancia, que era la condenación de la tentativa de la señorita Guichard, no turbó á Bobart, que no vió en la confidencia de Clementina sino una dificultad más. No pensó ni un segundo en la dicha de aquellos jóvenes, en su porvenir, en todo lo que podían perder de esperanza, de paz y de alegría en aquel enredijo judicial. El abogado respondió con una risa espantosa.

—¡Bah! En mi larga carrera he contribuído á separar más de doscientas parejas que se adoraban y á los cuales sus padres han probado que no podían vivir juntos!

—Entonces, ¿me secundarás?

—¿Puedes dudarlo?

—¡Ah! Tú eres un verdadero amigo....

—Y sin embargo, no has parecido creerlo. Si hubieras entregado Herminia á mi hijo....

—No volvamos á eso, interrumpió Clementina con fastidio; ya no es tiempo.

—Si, lo es, si rompes el matrimonio.

—En efecto, es verdad.