—¡Había que ser verdaderamente maligno para adivinar que Clementina os preparaba esta emboscada! Hijos míos, la situación es grave. Juzgad por lo que acaba de hacer como principio de juego, de lo que es capaz si no consigue enseguida separaros....

—¡Separarnos!

Y al decir esto formaron tan hermoso conjunto, que Roussel no pudo menos de sonreir.

—¡Vamos! He aquí una unanimidad tranquilizadora! Pero desconfiad, queridos hijos; estáis en peligro ... En el estado de mis relaciones con la señorita Guichard, no me es posible daros un consejo; parecería que abogaba contra ella y en favor mío. Es evidente que mi repentina intrusión es lo que ha modificado las intenciones y cambiado los proyectos de Clementina. Ha realizado un formidable cambio de frente y trata á Mauricio como enemigo en vez de considerarle como aliado. Ya estáis advertidos. Tomad una resolución, pero que sea adoptada por vuestras propias inspiraciones. No veáis sino vuestro interés y no me tengáis en cuenta para nada, pero contad conmigo. Cuando hayáis resuelto, pondré tanta energía en apoyaros como reserva he empleado en daros consejos. Ahora, os dejo. Os amáis; defended vuestra dicha.

Herminia y Mauricio quedaron solos y se miraron un instante sin hablar. Después, el marido cogió la mano de su mujer y atrayéndola hacia sí, dijo:

—Mira como estamos; y no hace veinticuatro horas que me perteneces; ¿qué nos prepara, pues, el porvenir? Una serie incesante de dificultades, de luchas que no habremos hecho nada para suscitar y á las que no podremos sustraernos. ¡Qué tristeza, Herminia, después de la esperanza de tantas alegrías!

Pero Mauricio, ¿es posible que mi tía lo haya hecho ver esas cartas que yo ni conocía?

—¡Ay! Herminia; es muy cierto; pero no la acuses; ha obrado bajo la influencia de la cólera y no de su corazón.

—¿ Tú la disculpas? Y sin embargo, contra ti estaba tramada esta horrible maniobra ... Pero qué locura inspira el odio para que en un momento haya cambiado completamente una mujer tan buena, que ha sido para mi una verdadera madre....

—Me aborrece ahora, bien lo ves, tanto como á mi padrino. No tiene más que una idea; separarnos. No lo ha conseguido esta vez, poro volverá á empezar hasta que en una ocasión más favorable....