—¡Oh, señor! Con los ojos cerrados le obedeceré.... Con los ojos cerrados....
—Y bien, no los cierre usted.... Ábralos, por el contrario, todo lo que pueda.... Quédese usted en París y á las horas de la distribución del correo esté siempre en casa del portero ...¿El señor Bobart le conoce á usted?
—No, señor.
—Tan pronto como tenga usted noticias que darnos, vuelve sin perder ni un segundo.
—El señor puede contar conmigo.
Y salió. Mauricio permanció sentado, interrogando á su tutor con la mirada.
—He aquí mi idea, dijo éste. Está fuera de toda duda para mí que el tunante de Bobart es cómplice de la señorita Guichard. Él nos espió la noche última y él fué quien la previno. Es, pues, cierto, que tan pronto como se crea en seguridad, Clementina va á escribirle y acaso á llamarle cerca de ella. Por el sello de la carta sabremos dónde está y si Bobart se marcha, la estación de que parta será una nueva indicación.
—¿Y entonces qué haremos?
—No lo sé todavía; es preciso reflexionarlo. Por otra parte, acaso no sea por Federico por quien sepamos donde está la señorita Guichard ... Tu mujer es muy capaz de burlar la vigilancia de Clementina y escribirte ...
El joven movió tristemente la cabeza.