Y cabe aquí consignar que el tema que en SAB se desarrolla tiene el mérito, si ese es uno, de no haber sido inspirado por los populares volúmenes de Miss Stowe sobre La Cabaña del tío Tomás, pues éstos fueron publicados entre 1850 y 1852, o sea once años más tarde que aquél. En cambio, Nuestra señora de París de Hugo e Indiana de Sand dieron la vuelta al mundo antes que SAB la de la Península ibérica. Mas, pasemos, que harto daría que hacer la Avellaneda con sus novelas llenas de apreciaciones personales, sin que buscásemos en aquéllas influencias no difíciles de descubrir.
Hora es de terminar una nota en la que no se pretende dar ningún juicio crítico completo. Y, parodiando a Lamartine, la finalizamos convencidos de que aunque los enemigos de todo lo que huele a romanticismo se obstinen en no detenerse a considerar las obras de sus mejores cultores latinoamericanos que demos, de nuevo, a luz, de acuerdo con nuestro eclecticismo literario, siempre habrá unas manos femeninas, las cuales, cada mañana, dejarán ocultos, bajo la almohada de su lecho, libros como el de SAB que hoy reproducimos.
Hugo D. BARBAGELATA.
DOS PALABRAS AL LECTOR
Por distraerse de momentos de ocio y melancolía han sido escritas estas páginas. La autora no tenía entonces la intención de someterlas al terrible tribunal del público.
Tres años ha dormido esta novelita casi olvidada en el fondo de su papelera; leída después por algunas personas inteligentes que la han juzgado con benevolencia y habiéndose interesado muchos amigos de la autora en poseer un ejemplar de ella, se determina a imprimirla, creyéndose dispensada de hacer una manifestación del pensamiento, plan y desempeño de la obra, al declarar que la publica sin ningún género de pretensiones.
Acaso si esta novelita se escribiese en el día, la autora, cuyas ideas han sido modificadas, haría en ella algunas variaciones; pero sea por pereza, sea por la repugnancia que sentimos en alterar lo que hemos escrito con una verdadera convicción (aun cuando ésta llegue a vacilar), la autora no ha hecho ninguna mudanza en sus borradores primitivos, y espera que si las personas sensatas encuentran algunos errores esparcidos en estas páginas, no olvidarán que han sido dictadas por los sentimientos algunas veces exagerados pero siempre generosos de la primera juventud.