—Poderoso rey y señor mío, después de venir a besar tus reales manos, traigo a mi hija para que sirva a mi señora la reina, en compañía de las damas y de su hermana Galiana, porque no se halle en Almería, especialmente por el temor que tiene a los rebatos que nos dan siempre los cristianos; y me pareció que estaba mejor en Granada, que en Almería.
—Bien has hecho, dijo el rey, porque aquí estará en compañía de su hermana y gozará de las fiestas que cada día se hacen, aunque las pasadas fueron escandalosas.
A esta sazón entró un moro viejo, y dijo cómo un caballero cristiano paseaba la Vega bien alistado de armas, en un poderoso caballo que ponía espanto su brío y fortaleza, y no podía conocer quién fuese de cierto, por traer puesta la celada. El rey dijo que le procurasen conocer; y a este tiempo estaba en el Alhambra él, y la reina en la torre de Comares.
Deseoso el rey de ver al caballero cristiano, subió a la torre de la Campana, y con él la reina, caballeros y damas. Es la más alta torre del Alhambra, la cual señorea toda la Vega; y mirando a ella vieron un caballero armado, de muy lucidas y fuertes armas, en el escudo y penacho una cruz roja, sobre un hermoso caballo, que se paseaba como si estuviera en su misma patria. En viendo la cruz roja, dijo el rey:
—No es posible sino que aquel caballero es el maestre de Calatrava, así por la insignia, como por la osadía que ha tenido de llegar hasta la ciudad.
Y cuando el maestre vio al rey y a las damas, alzó la celada e hizo la reverencia debida; y por todos conocido, le fue fecha cortesía, y en particular por la reina y sus damas. Hecho esto puso el maestre un pendoncillo rojo en la punta de la lanza, que era señal de batalla.
Mostafá, alcaide de Almería, pidió licencia al rey para salir a escaramucear con D. Manuel Ponce de León, maestre de Santiago, atento que en una escaramuza le había muerto a un tío suyo, y quería vengar su muerte.
—No te metas en eso, le dijo el rey, que caballeros hay en mi corte que saldrán.
Todos los caballeros le pidieron licencia para irse a ver con el maestre, y un paje les dijo, que no se cansasen, que ya había salido de palacio un caballero a escaramucear.
El rey preguntó quién le dio licencia. Respondió el paje: