El moro enamorado empezó a servirla con grandes demostraciones de amor. Fátima que vio las veras con que Abenámar la amaba, comenzó a favorecerle y amarle con grande amor, por ser muy galán, discreto y valiente.
En este tiempo Daraja y Abenhamín Abencerraje estaban ya para casar, por lo cual el valeroso Muza había puesto los ojos en la hermosísima Celima, hermana de la bella Galiana; y no había caballero de estima que no tuviese puesto todo su amor en alguna dama de palacio, y así cada día había fiestas y regocijos en la corte.
El valiente Audalá amaba a la hermosa Aja, y como era caballero Abencerraje, y muy preso de amor, por dar gusto a su dama, ordenaba y hacía muchas fiestas.
El valiente Abenámar por vengarse de la linda Galiana y de Sarracino, suplicó al rey que se hiciese una fiesta el día de S. Juan de juego de cañas y de sortija, y que él quería ser mantenedor della.
El rey era muy amigo de fiestas, y porque se regocijase toda la corte y se ejercitasen los caballeros, ordenó que se hiciesen, por el contento que todos tenían de que se hubiese escapado Malique Alabez de las manos de D. Manuel Ponce de León, que fue mucha ventura, y por la salud que ya tenía.
Habida la licencia del rey, mandose pregonar por toda la ciudad el juego de cañas y sortija: que cualquiera caballero que quisiese correr tres lanzas con el mantenedor, que era Abenámar, que saliese a él, y trajese el retrato de su dama; que si fuese vencido el aventurero, había de perder el retrato que trajese; y si el mantenedor fuese rendido, llevase el vencedor el retrato de la dama del mantenedor, y una cadena de mil doblas.
Todos los caballeros enamorados se holgaron del pregón en extremo, lo uno por mostrar el valor de sus personas, lo otro porque fuesen vistas las hermosuras de sus damas, con esperanza de ganar al mantenedor su dama y cadena.
El valeroso Sarracino entendió el motivo de Abenámar, y holgose de ello, porque por aquella vía entendía dar a conocer a su señora Galiana el valor de su persona; y él y los caballeros amantes que pretendían correr sortija, hicieron retratar a sus damas, como mejor y más al natural pudieron, y con aquellos vestidos y ropas que más de ordinario acostumbraban traer, porque fuesen conocidas.
Venido el día de S. Juan, fiesta tan celebrada de todas las naciones del mundo, todos los caballeros granadinos se adornaron de las mejores galas y joyas que pudieron, así los que eran del juego como los que no eran, salvo que los del juego se señalaban en las libreas.
Saliéronse a la ribera del fresco Genil, hechas dos cuadrillas para el juego, la una de Zegríes, y la contraria de Abencerrajes: hízose otra cuadrilla de Almoradís y Venegas, y otra contraria de esta de Gomeles y Mazas, y al son de muchos instrumentos comenzaron el juego de cañas.