—El mantenedor va victorioso.
Sarracino dio la carrera con muy gran desenfado y gallardía, y enristrando su lanza con cuidado, tocó un lado de la sortija, y no hizo efecto ninguno.
Abenámar dijo a Sarracino:
—Caballero, otra carrera nos queda para que concluyamos nuestro pleito; concluyámoslo luego.
Y diciendo esto pidió una lanza, y en dándosela se fue poco a poco, y puesto en la carrera, la dio con la lanza tan bien puesta, que embocándola por la sortija, se la llevó dentro.
Entonces fueron las voces de toda la gente más levantadas de punto, diciendo:
—Ganado ha el mantenedor sin duda; suyo es el retrato hermoso de Galiana y la rica manga.
Bien se aparecía en Galiana el sentimiento que en su alma había, por la poca esperanza que tenía de que su enamorado Sarracino ganase. El cual se puso en la carrera, y al llegar a la sortija dio con la punta de la lanza en un extremo, que con el gran movimiento cayó en el suelo.
En parando el caballo del animoso Sarracino, fue llamado por los jueces, y le dijeron que había perdido el retrato de su dama y la rica manga. El moro respondió:
—Si ahora en juego he perdido, en escaramuzas sangrientas ganaré.