al rey que por no trocarme,
escojo para prisión
la memoria de mi Azarque;
y habrá quien baste
contra la voluntad de un rey amante.»
Así estas mismas divisas, motes y cifras sacaron las cuatro cuadrillas de los caballeros ya nombrados, como quien las había heredado de sus antepasados, y siempre se preciaron de ellas.
Pues habiendo salido de la plaza con bizarría, y alegres por haber visto su gala y buen parecer, entró un alcaide de las puertas de Elvira a gran priesa, y llegando a la presencia del rey hizo el acatamiento debido y le dijo:
—Un caballero cristiano ha llegado, y pide licencia a vuestra alteza para entrar a correr tres lanzas con el mantenedor.
—Yo la doy: entre, permitido es.
Luego volvió el alcaide y abrió la puerta.