Abenámar se llegó a él, y le dijo que él se holgaría de correr dos o tres lanzas con tal caballero. Y diciendo esto corrió una lanza extremadamente, pero el maestre corrió la suya con más ventaja.
Finalmente, corrieron tres lanzas y todas las ganó el maestre.
Todos entendieron que trajera retrato, pero no era miliciano de Cupido sino de Marte; porque en verdad, no puede ningún caudillo que pretende alcanzar honra por sus hazañas, entretenerse en amores; y si lo hiciere, su nombre será borrado de las memorias de todos.
Los jueces llamaron al maestre y le dieron por premio la cadena de dos mil doblas de valor, pues no había traído retrato, que si lo trajera llevara el retrato y los despojos.
El maestre recibió la cadena, y al son de la música que había en la plaza, fue dando vuelta a toda ella, acompañado de todos los caballeros; y en llegando a los miradores de la reina, hizo una muy grande reverencia, y alzándose en los estribos, besó la cadena, y se la dio, diciendo:
—Vuestra alteza reciba esa niñería, que no hallo otra persona digna de ella. No extrañe vuestra alteza mi atrevimiento, que lícito es en tales actos recibir cualquiera joya.
Levantose la reina y recibiola, y besándola se la puso al cuello, y haciéndole una mesura se volvió a asentar.
El maestre inclinó la cabeza al rey, y se volvió con Muza y otros caballeros que le querían bien, por tener tanta fama en todo aquel reino, por las muchas entradas que hacía entre año, y de todas conseguía victoria.
A esta sazón el muy valiente y esforzado Albayaldos, que tenía muy grande deseo de verse en batalla con el maestre para probar sus fuerzas, y porque el maestre había muerto a un deudo suyo con quien él tenía mucha amistad, se quitó del lado del rey con disimulación, y subió sobre una yegua bien aderezada, y acompañado de sus amigos se fue paseando adonde estaba el maestre y el valiente Muza; y contemplando el buen talle del maestre y su donaire, le dijo:
—Grande ha sido y es el gozo que todos hemos recibido, esforzado e invicto maestre, de verte tan galán y de fiesta, y fuera muy mayor mi contento si te viera con tus fuertes y lucientes armas, como otras veces te he visto en la Vega, y en ella tuviéramos los dos escaramuza, que ha días que lo deseo, y son dos causas las que me mueven. La una por el gran valor que la fama ha derramado por el mundo de tu persona, y el deseo que tengo de vencerte para ser el interesado en todo. La otra por vengar la muerte que le diste a mi primo el rey Mahomad. Aunque te conozco, y sé que se la diste en trabada y muy reñida escaramuza, con todo eso me llama y provoca a venganza el amor de mi querido primo: y por tanto tente desde hoy por desafiado, para que cuando fuere tu voluntad se ponga en ejecución mi deseo; y saldré con armas y caballo, y conmigo irá Malique Alabez.