—Bien entendíades, caballeros, que habíais de hacer aquesta escaramuza solos, pues por Alá santo que le he dado la priesa posible a mi caballo por hallarme en ella, y mi principal intento ha sido venir a suplicaros, caballeros esforzados y valientes, que os sirváis de no ir en la prosecución del desafío, por hacerme merced, pues no hay urgente causa. ¿Qué provecho sacaréis en matar uno al otro, o por desgracia que mueran ambos? Ea, caballeros, no permitáis que falte del mundo ninguno de vosotros. Ambos sois mis amigos, y cualquiera desgracia que suceda a uno de vosotros o a los dos, me lastimará en el alma. No consintáis que mi venida y ruego sea en vano. Esto pido muy encarecidamente a los dos, y en particular al maestre.

Y dando fin a sus razones Muza, le respondió el maestre:

—Por cierto, noble Muza, que por daros gusto y pedírmelo con tanto encarecimiento, y por la mucha amistad que os tengo, haré de mi parte todo lo que me pedís, y yo alzo la palabra puesta del desafío, y no trataré más de él, como quiera Albayaldos y sea su gusto, porque a no serlo, no soy el todo, sino parte, y esa rindo a vuestra voluntad.

—A gran merced tengo la que me hacéis, y no esperaba yo menos de un caballero tan principal como vos sois, señor maestre. ¿Y vos, señor Albayaldos, no me haréis merced que cese ese rencor?

Albayaldos respondió:

—Señor Muza, tengo tan presente la sangre vertida de mi primo hermano, por la violencia del penetrante hierro de la lanza del maestre, que no me da lugar a que haga lo que me mandáis, aunque de cierto supiera morir a sus manos. Y si muriere yo en esta escaramuza será honrosa mi muerte; y si yo venciere y matare al maestre, todas sus glorias serán mías, y en lo que he dicho estoy resuelto.

El fuerte D. Manuel Ponce de León no gustaba de tantas arengas, y así dijo:

—Caballeros, gusto es del señor Albayaldos vengar la muerte de su primo: no es menester sino que se ponga en ejecución. El señor Alabez y yo quedamos concertados de dar fin a una escaramuza que tenemos empezada, y pues hoy viene a coyuntura pelearemos todos, y Muza será padrino de los cuatro.

Alabez dijo:

—Bien concertado está; no aguardemos a más conversación, no se nos vaya el tiempo en balde, y sean las obras más que las palabras; junto, si hay lugar, y gustáis de ello, señor D. Manuel, querría que me dieseis mi caballo y recibieseis el vuestro, y empecemos la escaramuza.