Luego que Gazul le vio tan cerca arremetió su caballo con tanta presteza, que cuando Reduán entendió escaparse del encuentro, ya lo tenía recibido, y no tuvo lugar sino de adargarse por reparar el golpe; pero no le valió ser fina la adarga ni la jacerina, que el hierro de la lanza lo falseó todo, y quedó Reduán mal herido, y retirándose Gazul volvió a herir a Reduán: y él venía con su lanza enristrada, y se encontraron tan fuertemente, que se quebraron las lanzas, y ambos se hirieron en los pechos; y como se vieron tan cerca uno de otro, se abrazaron, haciendo mucha fuerza para sacarse de la silla, y así pelearon gran rato sin poder efectuar su pretensión.
Los caballos, como se vieron tan juntos, alborotándose y dando relinchos, empezaron a morderse, y empinándose, a pesar de sus señores, volvieron de ancas para hacerse mal con las herraduras; y al tiempo de revolverse, como estaban apretados los caballeros el uno con el otro, de necesidad hubieron de venir ambos al suelo; pero Reduán como más fuerte se trajo tras sí a Gazul y quedó debajo.
Reduán que se vio en tanto peligro, hizo mucha fuerza con los brazos y pechos, y afirmando los pies en el suelo, dio tales enviones, que desechó a Gazul de encima, y se levantó luego en pie, y lo mismo hizo Gazul, y muy presto se adargaron; y poniendo mano a sus alfanjes se comenzaron a herir terriblemente dándose recios golpes, de suerte que las adargas se hicieron pedazos, y quedaron muy mal heridos.
El que estaba más herido era Reduán, porque tenía dos heridas de lanza. Ambos andaban mal heridos, sin reconocerse ventaja en ninguno. Las libreas estaban rotas por el suelo y las armas descubiertas, de suerte que cada uno procuraba herir en las partes más flacas de las armas, para que el golpe no fuese en balde.
Los alfanjes eran damasquinos y de muy finos temples, y no tiraban golpe que las armas no fuesen rotas y ellos heridos, y así en dos horas que había que lidiaban, estaban tales, que no se podía esperar sino la muerte de ambos.
Reduán llevaba lo peor de la escaramuza porque, aunque es verdad que era de más fuerza que Gazul, era más seguro, y entraba y saltaba más a su salvo, y hería como quería Gazul, lo cual no hacía Reduán, a cuya causa andaba tan mal herido: mas los golpes que Reduán acertaba, eran muy desaforados.
Muy mal heridos andaban los dos, y mucha sangre vertían; lo cual visto por Muza, atendiendo que si la escaramuza pasase adelante, aquellos dos tan buenos caballeros habían de morir, de compasión que de ellos tuvo, se apeó de su caballo, y se fue a poner enmedio de ambos, diciendo:
—Señores caballeros, hacedme merced que no pase adelante la escaramuza, porque si proseguís, me parece que ambos moriréis.
Gazul se apartó luego, y el valeroso Reduán, aunque contra su voluntad se hubo de apartar, considerando que Muza era hermano del rey; y apartados los curó Muza, y apretó las heridas, y subiendo en sus caballos, tomó Muza del diestro el de Albayaldos, y se fueron a Arbolote; y serían las cinco de la tarde cuando llegaron, y preguntando por Alabez, le hallaron mal herido en una cama, curado con gran diligencia por un buen maestro que allí estaba.
Luego los dos caballeros Reduán y Gazul también fueron puestos cada uno en su cama, y curados por aquel cirujano, y los regalaron y proveyeron de todo lo necesario. Mucho se admiró Malique Alabez viendo a Gazul y a Reduán tan mal heridos, porque ambos eran muy grandes amigos suyos.