Ahora los dejaremos curando, y ya hechos amigos, y volveremos a contar de Granada, y de algunas cosas que en ella sucedieron el día siguiente que pasaron estas dos escaramuzas.

CAPÍTULO XII.

En que se da cuenta de una pendencia que los Zegríes tuvieron con los Abencerrajes, y cómo estuvo Granada a punto de perderse.

Puestos los caballeros en cura partió Muza a Granada, llevando el caballo de Albayaldos consigo, y puesto el sol llegó a la ciudad; y entrando por ella se rebozó con el cabo del capellar por no ser conocido, y así llegó al Alhambra a hora que el rey su hermano se sentaba a cenar; y apeándose, dio los caballos a uno de la guardia, y se entró en el real aposento. El rey se maravilló de verle venir de camino, y le preguntó dónde había estado aquel día. Muza le dijo:

—Señor, cenemos, y después os diré cosas de que os admiréis.

Cenaron, que bien lo había menester Muza, y acabada la cena contó por extenso la muerte de Albayaldos, las heridas de Alabez, y la escaramuza de Gazul y Reduán, con lo cual fue el rey muy suspenso, y sintió la muerte de Albayaldos; y el día siguiente se publicó por la ciudad, y todos hicieron mucho sentimiento, y en particular su primo Aliatar, que juró de vengar su muerte, aunque le costase la vida.

Todos los caballeros fueron a darle el pésame a Aliatar; los primeros fueron los Zegríes, Gomeles, Venegas, Mazas, Gazules, y Bencerrajes, y otros muy principales caballeros de la corte, y a la postre fueron Alabeces y Abencerrajes; y puestos todos en sus asientos, como en casa de un principal caballero, después de haberle dado el pésame, se trató si sería bueno hacer por él el debido sentimiento, como por semejantes hombres se suele hacer.

Para esto hubo grandes pareceres, porque unos decían que no, por cuanto siendo Albayaldos moro, al tiempo de su muerte se volvió cristiano.

Los Venegas decían que no importaba eso; que sería bien que sus deudos y amigos hiciesen sentimiento, así por los unos, como por los otros.

Los Zegríes decían que pues Albayaldos se había vuelto cristiano, que no se holgaría Mahoma de que ellos hiciesen sentimiento, porque se había apartado de su secta, y esto era guardar derechamente el rito del Alcorán.