Los Abencerrajes decían que el bien que se había de hacer fuera por amor de Alá, y que si Albayaldos se había vuelto cristiano a la hora de su muerte, que aquel secreto solo Dios lo sabía, y que no por esa causa se dejase de hacer el debido sentimiento.

Un Zegrí llamado Abenámar dijo:

—O el moro moro, o el cristiano cristiano: dígolo, porque en esta ciudad hay caballeros que cada día envían limosnas a los cautivos cristianos que están en las mazmorras del Alhambra, y les dan de comer, y son los caballeros que digo los Abencerrajes.

—Decís verdad —dijo Abinhamad, Abencerraje—, que todos nos preciamos de hacer bien a los cristianos y a cualquier necesitado, porque los bienes los da el santo Alá para hacer bien por su amor; pues los cristianos dan limosnas a los moros en nombre de Dios, y por su amor lo hacen, y yo que he estado cautivo lo sé, porque las he visto dar, y a mí me han hecho bien; y en reconocimiento de esto yo y mis parientes hacemos la limosna que podemos a los cautivos cristianos, que por ventura lo estaremos nosotros algún día. Y a cualquier caballero que le pareciere mal, es muy ruin, y siente poco de caridad; y tóquele a quien le tocare: cualquiera que dijere que hacer limosna a quien la pide no es bueno, miente, y lo sustentaré.

El valeroso Zegrí, ardiendo en saña, por verse desmentido, sin responder alzó la mano para herirle en el rostro al Abencerraje, el cual reparó el golpe en el brazo izquierdo; pero no fue tan bueno el reparo, que por eso dejase el Zegrí de alcanzarle en el rostro con las yemas de los dedos, de lo cual se sintió el Abencerraje, y rabioso como un león hircano, en viva cólera ardiendo, puso mano a la daga, y antes que se moviera un paso el Zegrí, le dio dos puñaladas, ambas penetrantes: al momento cayó muerto a los pies del Abencerraje.

Otro caballero Zegrí embistió al Abencerraje para herirle con un puñal; pero no pudo, porque con gran presteza le asió del brazo derecho el Abencerraje, de modo que el Zegrí no pudo hacer lo que pretendía, y el animoso y esforzado Abencerraje le dio una herida en el estómago, con la cual cayó muerto.

Los Zegríes que allí había, que eran más de veinte, pusieron mano a las armas, diciendo:

—Mueran los traidores Abencerrajes.

Los Abencerrajes se pusieron en defensa. Los Gomeles fueron en favor de los Zegríes, y serían más de veinte, y con ellos otros tantos Mazas.

Lo cual visto por los Alabeces y Venegas, fueron en favor de los Abencerrajes, y entre estos seis linajes de caballeros se comenzó una revuelta brava y reñida, que en muy poco tiempo fueron otros cinco Zegríes muertos y tres Gomeles, y dos de los Mazas, y en estos tres linajes hubo catorce heridos. De los Abencerrajes no hubo muerto, mas hubo diez y siete heridos: a uno le cortaron un brazo a cercén. De los Alabeces murieron tres, y hubo ocho muy mal heridos. Algunos Venegas salieron heridos, y dos muertos. Mucho mayor fuera la desgracia, si Aliatar y otros caballeros no se pusieran enmedio; y algunos de los que ponían paz salieron heridos.