—Quería hablarle —dijo el moro.
—Si no es para más, yo soy, decid lo que queréis.
Aliatar mirando al maestre le conoció luego en la cruz, y arrimándose a él sin ningún temor y sin saludarle, le dijo:
—Maestre esforzado, con razón os podéis llamar el caballero más dichoso del mundo, pues habéis alcanzado victoria de tantos y tan buenos caballeros, y más con la que alcanzasteis de mi primo Albayaldos, gloria y espejo de todos los caballeros de Granada, que es tanto el sentimiento mío, que muero en pensarlo. Mi venida es en busca vuestra para vengar la muerte de mi primo, acudiendo a la obligación que tengo; y pues os he topado, holgaré cumpláis mi deseo; y si muriere en la escaramuza, partiré consolado, por morir a manos de tan principal caballero, y por hacer compañía a mi amado primo.
A lo cual respondió el maestre:
—Holgárame, Aliatar, que ya que me habéis topado habiéndome buscado, que fuera para cosa que yo os pudiera servir, que juro como caballero, que en mí tendréis eterna amistad, y me holgaría que no hiciésemos escaramuza, porque vuestro primo hizo el deber como caballero; quiso Dios llevárselo al cielo, porque al tiempo de su muerte le conoció, y pidió el agua del bautismo, y se volvió cristiano: ¡Dichoso él, pues goza de Dios! Por eso no querría que tuviésemos escaramuza sin haber para qué, sino ved si os puedo servir en algo, que lo haré por vos.
—En mucho estimo la merced que me hacéis, señor maestre —respondió Aliatar—: por ahora no se me ofrece cosa en que me la hagáis, sino que me clama la sangre de mi primo Albayaldos, y querría que no dilatásemos la escaramuza; asimismo quisiera me aseguréis que de los vuestros no seré ofendido, sino que solo con vos he de lidiar.
—Mucho me holgara —dijo el maestre— que no pasarais adelante con vuestro intento; pero pues esta es vuestra voluntad, hágase lo que queréis. En lo que pedís, que no seáis ofendido de los míos, yo os doy seguro de ello.
Diciendo esto alzó las manos a su gente, haciendo señal que se retirasen de allí, y esta era bastante señal de seguro.
La gente luego se retiró; lo cual visto por el moro, dijo al maestre: