—Ay, señores caballeros, por Alá santo que no paséis más adelante, si no queréis morir de mala muerte.

Alabez dijo:

—¿Cómo así?

Respondió el paje:

—Sabed, señor, que en el cuarto de los Leones hay muchos caballeros degollados, y todos de los Abencerrajes, y mi señor con ellos, que le vi degollar, porque entré con mi señor, que allá no fuéramos, y lo vi todo, y no repararon en mí, porque así lo permitió el santo Alá, y cuando tornaron a abrir la puerta falsa, me salí, y vengo sin mi señor, y aun sin mí, por lo que mis ojos han visto: por Mahoma que pongáis remedio en aquesto.

Muy admirados quedaron los tres caballeros, y mirándose unos a otros, no sabían si darían crédito o no a lo que el paje decía, y dijo Abenámar:

—Gran traición hay, si esto es verdad.

Dijo Sarracino:

—Pues ¿cómo sabremos si es cierto?

—Yo os lo diré —dijo Alabez—: quedaos, señores, aquí, y si viereis salir algún caballero Abencerraje, o de otro linaje, no le dejéis pasar adelante, sino entretenedle en tanto que voy a la casa real, y sabré lo que pasa, y volveré con brevedad.