—Alá os guarde —dijo Abenámar—, aquí aguardaremos.
Malique subió al Alhambra, y al entrar por la puerta vio venir un paje del rey muy apriesa, y díjole:
—Adónde con tal priesa.
Respondió el paje:
—A buscar un Abencerraje.
—¿Quién le llama? —dijo Malique.
—El rey mi señor —respondió el paje. Y si queréis hacer una buena obra, bajad a la ciudad, y avisad a todos los Abencerrajes que salgan de Granada, porque les conviene, si no quieren verse en el trance cruel que se ejecuta en el cuarto de los Leones, y quedaos en paz.
Estando cierto y satisfecho de lo que deseaba saber, se volvió Malique adonde había dejado a Sarracino y Abenámar, y les dijo:
—Amigos y señores, verdad es lo que ha dicho el paje; cierta es la traición y muerte que se ejecuta en los Abencerrajes: todo el suceso me ha contado un paje del rey, y me dijo que diese aviso a los Abencerrajes.
—¡Válgame Alá! —dijo Sarracino—: que me maten, si los Zegríes no andan en esta traición: vamos a la ciudad y demos aviso para que se ponga algún remedio.