—Pues aunque no sea sino por honra de mi hermano el rey, se ha de seguir por justicia esta causa y la de los Abencerrajes, pues os preferís a sustentar con las armas la acusación que ponéis; y mirad cuán seguro estoy de la casta reina, que sé que habéis de morir, o quedar desmentidos; y si me fuera lícito, yo solo había de defender la inocente reina y a los nobles Abencerrajes, porque clara y manifiestamente se parece ser mentira causada de envidia; pero impídelo la paz que ando buscando.
Los Zegríes comenzaron a alborotarse, diciendo que ellos eran caballeros y lo que habían dicho lo sustentarían en campo armados a los cuatro caballeros.
—Eso se verá presto —dijo Muza; y díjole al rey—: Vamos al Alhambra, que ya todo está apaciguado: solo quedan cuatro linajes de caballeros que no os quieren dar obediencia, sino a nuestro padre: pasen algunos días, que yo los compondré. Y vosotros, Zegríes y Gomeles, advertid, que si por vuestro consejo murieron degollados treinta y seis caballeros Abencerrajes, de vuestros linajes hay más de cuatrocientos caballeros muertos; mirad si ha sido granjería la que habéis hecho. Id al Alhambra, y mandad que los saquen del cuarto de los Leones, y dadles sepultura, que así han hecho los Abencerrajes a todos sus deudos, muertos sin culpa.
Con esto salió Muza de la mezquita, y el rey Chico con él, fiado de su palabra, y le dijo:
—Muza, ¿quién te dio aviso de que estaba yo aquí?
—Quien te vio venir —dijo Muza.
Diciendo esto, se bajaron todos del cerro, y se entraron en el Alhambra.
Los Zegríes llevaron los cuerpos muertos a sus casas, y los fueron acompañando, y Muza con ellos, por evitar algún escándalo; y en todo aquel día no se oía en toda Granada otra cosa sino llantos y gemidos muy tristes.
El rey se retiró a su cuarto con muy buena guarda, y mandó que no dejasen entrar a nadie en todo aquel día; lo cual se cumplió todo así, que ni aun a la misma reina dejaron entrar, y muy confusa se volvió a su retrete, no sabiendo la causa de tan grande encerramiento, pues le había enviado a decir Muza que no tuviese pena, que el rey volvería a su silla.